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| Centenario del mercado central del Stuttgart, reconvertido en puestos 'delicatessen' del tipo de nuestro castizo mercado de San Miguel |
Junto con
una buena biblioteca hay otra cosa que debe tener toda ciudad que se precie: un
lugar donde sentirse bien perdiendo el tiempo. Un cine, una calle principal, una plaza, cualquiera de los llamados 'tontódromos' con sus cientos de personas para arriba y para abajo, bolsa de pipas en mano? No señor; un lugar donde se pueda comprar. Alimentos, eh, los centros comerciales no
valen (de hecho, son más bien su antagonista). No sé qué será ni si me pasará a mí sola, pero tomarme mi tiempo en pasear
tranquilamente en un buen supermercado con los estantes bien llenos de todo
tipo de productos, rodeada de otra gente que también va deambulando entre
pasillos, me ayuda a levantar un día duro. Y si en esas te encuentras una
bandejita donde te dan a probar lo que sea, cénit absoluto. No funciona
cualquier super, eso sí: los Lidl y Aldi (ambas, cadenas alemanas, por cierto), son claros ejemplos de que las cajas y
palés por estantes son una chapuza bárbara. No, me refiero a aquellos reinos de
armonía donde se alcanza la paz espiritual gracias a, creo yo, por una parte –asombrósamente
importante, y lo dice alguien con fuerte tendencia al caos!- el orden imperante,
y por otra, ver satisfecha la ancestral necesidad de acaparar alimentos. Vamos,
que si de repente se declara un estado de sitio por guerra alienígena, sabes
que puedes pasar una buena temporadita feliz cual perdiz.
Debe de ser
algo de expatriados, en España nunca me pasa; será que al ser hija de frutero
tengo bien asegurada la comida cada día, jjj. Todo empezó en los Coop bareses y
su surtido interminable de pasta y pannetone; los Albert Heijm* de Rotterdam con su barra libre de café (sí señores, te pones tu cafelito gratis y ale, a dar vueltas) me
sirvieron de spas urbanos en los peores días con la amiga Ramo, y aquí los Rewe** cumplen bien su función (meramente social, de momento, pues lo más irónico del tema es que luego me voy al Lidl a hacer la compra, que el bolsillo no está para muchos bríos).
En las
Germanias se estila la etiqueta ‘bio’ (tchs, que esto es Europa, oye): desde zanahorias a detergentes, lo ‘bio’
es ‘cool’. Incluso buscando habitación, si hay una tienda de esas
características cerca es lo primero que te ponen en el anuncio; da igual que el
cuarto no tenga ventana o que el baño sea el del bar de abajo: hay una tienda
bio cerca, son 500€/mes.
Hoy, inauguración del Markthal de MVRDV. Qué ganas de ir a
echarle un tiento.
** Actualización: no, nada de Rewe; acabo de descubrir un mundo nuevo en el Edeka! no sé si será por la inauguración o qué, pero me han dado dos canapés distintos, queso, una bandeja con nudelns y una manzana. Me he echo fan.
** Actualización: no, nada de Rewe; acabo de descubrir un mundo nuevo en el Edeka! no sé si será por la inauguración o qué, pero me han dado dos canapés distintos, queso, una bandeja con nudelns y una manzana. Me he echo fan.






