miércoles, 1 de octubre de 2014

Markt Zeit

Centenario del mercado central del Stuttgart, reconvertido en puestos 'delicatessen'
del tipo de nuestro castizo mercado de San Miguel

Junto con una buena biblioteca hay otra cosa que debe tener toda ciudad que se precie: un lugar donde sentirse bien perdiendo el tiempo. Un cine, una calle principal, una plaza, cualquiera de los llamados 'tontódromos' con sus cientos de personas para arriba y para abajo, bolsa de pipas en mano? No señor; un lugar donde se pueda comprar. Alimentos, eh, los centros comerciales no valen (de hecho, son más bien su antagonista). No sé qué será ni si me pasará a mí sola, pero tomarme mi tiempo en pasear tranquilamente en un buen supermercado con los estantes bien llenos de todo tipo de productos, rodeada de otra gente que también va deambulando entre pasillos, me ayuda a levantar un día duro. Y si en esas te encuentras una bandejita donde te dan a probar lo que sea, cénit absoluto. No funciona cualquier super, eso sí: los Lidl y Aldi (ambas, cadenas alemanas, por cierto), son claros ejemplos de que las cajas y palés por estantes son una chapuza bárbara. No, me refiero a aquellos reinos de armonía donde se alcanza la paz espiritual gracias a, creo yo, por una parte –asombrósamente importante, y lo dice alguien con fuerte tendencia al caos!- el orden imperante, y por otra, ver satisfecha la ancestral necesidad de acaparar alimentos. Vamos, que si de repente se declara un estado de sitio por guerra alienígena, sabes que puedes pasar una buena temporadita feliz cual perdiz.

Debe de ser algo de expatriados, en España nunca me pasa; será que al ser hija de frutero tengo bien asegurada la comida cada día, jjj. Todo empezó en los Coop bareses y su surtido interminable de pasta y pannetone; los Albert Heijm* de Rotterdam con su barra libre de café (sí señores, te pones tu cafelito gratis y ale, a dar vueltas) me sirvieron de spas urbanos en los peores días con la amiga Ramo, y aquí los Rewe** cumplen bien su función (meramente social, de momento, pues lo más irónico del tema es que luego me voy al Lidl a hacer la compra, que el bolsillo no está para muchos bríos).

En las Germanias se estila la etiqueta ‘bio’ (tchs, que esto es Europa, oye): desde zanahorias a detergentes, lo ‘bio’ es ‘cool’. Incluso buscando habitación, si hay una tienda de esas características cerca es lo primero que te ponen en el anuncio; da igual que el cuarto no tenga ventana o que el baño sea el del bar de abajo: hay una tienda bio cerca, son 500€/mes.
  

* Sí, lo admito, los mercados y super holandeses son, una vez más, super-iores a la media (pero qué me pasa?!?!?!): esas mañanas de sábado yendo a hacer la comprar al enooorme mercado que instalan en el centro de la ciudad, adquiriendo chollos como 5 mangos (chutney listo en un momento!), 2 piñas o 4 aguacates por un euro (con 5€ la compra de la semana lista!), por no hablar del ir catando aquí y allá lo que se ofrezca, bien sea un poco de queso, una mandarina, un trozo de sandía… ay, qué tiempos. Lloro al recordar el chocolate negro con frutos secos (pistachos, arrhhh!!) del AH.
Hoy, inauguración del Markthal de MVRDV. Qué ganas de ir a echarle un tiento.

** Actualización: no, nada de Rewe; acabo de descubrir un mundo nuevo en el Edeka! no sé si será por la inauguración o qué, pero me han dado dos canapés distintos, queso, una bandeja con nudelns y una manzana. Me he echo fan.

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