miércoles, 24 de septiembre de 2014

Kellnerin, ich!!!

Aquí se hizo Marcelus Wallace con su maleta

Me estoy haciendo mayor. Vieja pelleja, vaya. Ya había notado algunos síntomas, como tener que mentir en las webs de búsqueda de… casa, pues l/s niñat/s universitari/s espiniller/s est/s siempre ponen el límite en la redondez numérica de los 30, carallo. Pero lo de hoy… ay. Lo próximo será que me gusten las perlas (teoría de mi madre y las mujeres: la edad de la plata –los 20–, del oro –30/40–, y las perlas 50+). Y es que he pagado el ticket del tren aún diciéndome la experiencia previa en estas semanas que ni dios pasa a revisarlo. Que he preferido ser legal y pasar 35min tranquila, a pasar los mismos pensando “será ese?” (y no, no preguntándome acerca de mi hombre ideal precisamente…) Diez pavazos y medio (ay!), a tocateja, cada excusioncita a la city. Y justo en eso estaba yo pensando en el tren de vuelta cuando de repente un señor me suelta un sonido indescifrable a mi espalda y me encuentro con q al parecer (regla nº1 cuando estás en un país donde no te’nteras ni del nodo: hacer lo que hagan los demás, plis plás) le tengo q enseñar mi preciado billetito, cosa que hago con tanta alegría y alborozo (Alboroto y Cavador! Navío, Torbellino, Karen y Puck! –lo dicho, revieja-) que asusto un poco al pobre hombre, q se debió de pensar que algún ácido me estaba dando vueltas en el estómago o vísceras de igual tratar.

Y es que llevo todo el día con la sonrisa puesta, la noticia lo merece: tengo trabajo!!

Sin saber ni papa del idioma, recién llegada y colocada: tengo una suerte alucinante. No en un estudio; mis vagos intentos de acercamiento a ellos se han disuelto siempre con la misma respuesta: nosotros hablamos inglés sin problema, pero hasta que tú no hables alemán igual no hay dónde rascar*. Así que en ese campo nada, al menos en los próximos X meses.  Y trotando trotando he venido a parar a un restaurante con nombre y traje italiano ('Tialini', se llama), pero dirección tedesca profunda, por lo que tengo contrato y todo, nada de caja B. Treinta horas semanales que me permiten la tan soñada independencia económica dejando los exiguos ahorros descansar en paz. Parafraseando a alguno, qué bonita es esta jodida vida a veces ;)

Ahora lo que sigo necesitando es ese pequeño espacio donde gritar ¡casa! al llegar huyendo del mundo exterior; necesito encontrar una habitación propia, y pronto. Lo malo es que ahí voy a tener que echar mano de tanta suerte como con el curro, y no sé si me queda en la despensa... Todo aquel con el que comento lo que me está costando me dice que es normal, que de unos cinco años a esta parte la ciudad recibe millones de personas (los ya clásicos españoles, italianos y de países de la Europa del este, pero también mucha gente de Irán, Siria y otros países musulmanes). Lo cual,  metido en una ecuación con un número limitado de viviendas y con lo poco amigos que son los alemanes de meter en sus casas a extranjeros, deriva en una subida espectacular de precios en unas habitaciones no siempre bien dispuestas. Pero eso, una vez más, es carne de otro post.

Ahora dejemos las preocupaciones y brindemos juntos, Damen und Herren, por la buena nueva: levanten sus jarras de 500 litros de rubias y, mirada a los ojos y sonrisa de medio lado, invoquemos al novelista franchute que todos llevamos dentro: pro(u)st!

* Esto fue el viernes pasado… tengo que actualizar esto más a menudo, así no hay manera. Mañana hago un post dedicado a mi búsqueda de “huevito arbeital”, prometido (arbeit = trabajo).


lunes, 15 de septiembre de 2014

Die Familie


Aquí la familia es cosa seria: hay todo un entramado de medidas que fomentan la creación de nuevos seres, poniendo a trabajar a ritmo constante esos úteros que convierten a las mujeres en fábricas de pequeños monstruitos.
El porcentaje de impuestos a pagar, por ejemplo, está escalado en función suyo de forma más tajante que en España, y la diferencia de lo apoquinado al erario común dista una barbaridad entre un grado 1 (soltero sin hijos) y un grado 3 (casado y con ellos). Y esto tiene su réplica en todos los aspectos de la vida en general: los periodos de vacaciones, los billetes de tren para 5 personas, la paga del estado por cada nueva criatura hasta que esta se ponga a trabajar (ya sea con 14 años, ya sea con 40)...

Los padres suelen implicarse en el cuidado de su prole, pero son -una vez más- las madres las que llevan la carga máxima (y no me refiero sólo a los kilos de más en el embarazo, que también): está muy bien tener la opción de cogerte varios años de baja maternal en el trabajo si así lo decides, pero aquí la presión social está tan exacerbada en ese asunto que eres muy pero muy despreciada/socialmente denostada si intentas compatibilizar los críos con desarrollarte laboralmente. Y esa es la principal razón, me temo, para que muchas se abstengan de ser mamá pese a la pasta que se deja anualmente el gobierno para evitarlo. (Y de la extraña pasión que siente esta gente por los perros, me atrevería a aventurar...)

Y es que las cifras dicen que la población en el país lleva ya un tiempo reduciéndose a grandes pasos. Y no digo "enormes" gracias a los inmigrantes, que, por cierto, aquí como en todas partes sufren esa doble vara de medir: por una parte se les critica por beneficiarse de todas las ayudas familiares, pero por otra, sin su contribución multiplicadora Alemania se iría en poco tiempo al garete.

Baden-Wuttemberg, provincia donde estoy yo, se caracteriza por su apego a la religión (evangélica, cristiana, whatever, ya escribiré sobre ello cuando me haya sumergido más en el tema, que tiene miga), y los valores tradicionales, por lo que es un foco procreativo importante para el país.

Así que ale, llenemos las calles de enanos rubios.
Procread, procread, malditos!


PD: Por ahí he leído que "un estudio recientemente publicado" estableció que el 23% de los hombres alemanes pensaba que el 'cero' era el tamaño ideal de la familia. Cachondos.


domingo, 14 de septiembre de 2014

Stuttgart - Stoccarda



Stuttgart estaba el sábado de bote en bote: miles de personas por las calles, en las terrazas, en los parques, en las tiendas… Weindorf!

En la Plaza del Mercado habían preparado la fiesta de la vendimia con decenas de casetillas de madera y mesas donde a la gente le parecía un chollo pagar 5€ por una copita de vino (esta región tiene un clima muy suave, que no suabo, que también, por lo que hay muchos viñedos), y donde –esto es lo importante-, vendían todo tipo de delicias culinarias típicas Suabas (que no sabias, q no da lugar). Así que por fin probé los Maultaschen, q tienen una historia bastante curiosa:

Resulta que los honorables habitantes suabos (q no suaves, q ya veremos) llevaban regular aquella tradición tan cristiana-luterana de la no ingesta de carne por Semana Santa, hasta que a un listo muy fan de la chicha se le encendió la luz: y si picaba finito el pedazo codillo que tenía delante, lo mezclaba bien con algo verde (pongamos… espinacas mismamente), y lo envolvía todo en una especie de pasta a lo canelón italiano??? Por fuera parecería de lo más inocente y nadie se iba a enterar de que en realidad se estaba zampando su ración diaria de cochino.

La idea triunfó tanto que es uno de los platos más típicos de por aquí. Picaresca germana? Mmm, para mí que el tipo era español… Y está bien bueno, he de decir. El invento (inventolll!), no el inventor, que me lío.

Entre una batallita y otra (el mítico puestecillo de crepes de la salida de la estación, la agenda de conciertos Rock and Roll en una tienda 50’s,  lo moñas q son estos alemanes, una boda muy cuqui –q diría mi amiga Merche- en un café, guerra al stick de Vodafone, trajes típicos de los tirantes, baby-shower en el parque, señora de los lazos, tarta en el "café de los Mariquitulis", reconociento exprés de Bad-Cannstatt...), pues voy pidiendo curro en cada Ristorante Italiano que veo y, aunque nadie me ha confirmado nada aún, sí parecen al menos receptivos; esto del Erasmus me está abriendo unas puertas totalmente insospechadas. Ay, Beatriz, Beatriz, busca en estudios de arquitectura, que se te olvida…

Como guinda a tan intenso día, al llegar a Sindelf escucho en la lejanía una voz cálida cantando un son cubano y, siguiéndola cual Obélix al olor del jabalí, me encuentro con un concierto de música isleña en una terraza… de un bar español que por supuesto no había visto hasta entonces. San Miguel, tú por aquí.

PD: en mi fugaz visita al campus me di cuenta de dos cosas:
   1_el Parkour es el nuevo deporte de moda entre los menores de 30 años;
   y 2_ en un aparcamiento de allí ponen un mercadillo gigante con cosas de segunda mano y puestecillos de comida muy recomendable (siempre pensando en lo mismo...)


viernes, 12 de septiembre de 2014

Sanfernanden - Sandelfingen



¿Por qué precisamente este rincón, con lo grande que es la Germania? 
Amaia & Daniel. 

*Vine preparada para lo peor: Holanda me había enseñado estoicismo ante la lluvia. Pero tras un par de días como se suponía que debían ser, llegó el pasado fin de semana y ale, die Sonne fängt zu scheinen an!! Un calorcito, un sol entrando por las ventanas, un buen rollo al pasear... (foto: viernes 5, cuatro días desde mi llegada; casa ya lista e ímpetu estudiantil a tope).
 Una se acostumbra rápido a lo bueno, pero me temo que al final la norma siempre se impone: aquí estamos de nuevo, der Regen.